Balancea tus hormonas tiroideas naturalmente

Balancea tus hormonas tiroideas naturalmente

Si sufres de fatiga, sensibilidad al frío, estreñimiento, piel seca, ganas o pierdes peso sin motivo, tienes dolores musculares frecuentes, problemas de concentración, ansiedad o tristeza excesiva, es probable que tengas algún problema relacionado con la tiroides (1) (2).

La tiroides es una glándula endocrina ubicada en la parte frontal del cuello, debajo de la manzana de Adán. La tiroides tiene una forma parecida a la de una mariposa y es la encargada de regular procesos hormonales, metabólicos y de crecimiento (3). En ocasiones, pueden ocurrir fallas y alteraciones en su funcionamiento; enfermedades como el hipertiroidismo, hipotiroidismo, bocio, tiroiditis, entre otras, pueden aparecer.

Tradicionalmente, una tiroides con bajo funcionamiento se trata tomando hormona tiroidea (1), mientras que el hipertiroidismo puede tratarse con medicamentos antitiroideos, yodo radiactivo o, potencialmente, cirugía (2).

Sin embargo, es esencial comprender qué otros factores pueden estar en la raíz de un desequilibrio tiroideo. Esto puede incluir la deficiencia o exceso de algún elemento en los hábitos cotidianos de alimentación y estilo de vida.

A continuación, te damos 5 consejos para ayudarte a mantener tu tiroides en equilibrio:

1. Consume más selenio.

En estudios científicos se ha visto que tanto concentraciones excesivamente altas como bajas de selenio se han asociado con un mayor riesgo de trastornos de la tiroides. Varios estudios han demostrado que la suplementación con selenio ayuda y reduce la gravedad de los síntomas del hipotiroidismo (4).

En general, el selenio facilita los procesos de desintoxicación y ayuda en la regulación de la actividad hormonal (5).

TIP: Consume más alimentos ricos en selenio como champiñones, huevo, nueces, almendras, semillas de girasol, pescados y mariscos, entre otros; o consulta a tu médico y nutriólogo de confianza para asesorarte en el uso de un suplemento de selenio.

2. Asegura el yodo en tu alimentación

Consumir el yodo a través de la sal yodada es una manera muy sencilla de asegurar este nutrimento esencial en tu alimentación (6). El yodo forma parte de las hormonas tiroideas. Nuestro organismo no puede producir el yodo por sí solo y es por eso que necesitamos consumirlo en los alimentos. La deficiencia de yodo tiene consecuencias importantes en la salud y es la causa más frecuente de una enfermedad llamada bocio en donde aumenta excesivamente en tamaño la glándula tiroides (7).

TIP: Asegúrate de consumir sal yodada regularmente. ¡Ojo! La sal del Himalaya tiene varios otros beneficios pero ser yodada no es uno de ellos. También recuerda incluir alimentos ricos en yodo como almejas, camarones, langostinos, acelgas y huevo.

3. Consume más zinc

El zinc participa en la formación y el funcionamiento correcto de las hormonas tiroideas. Se ha visto que concentraciones bajas de zinc se relacionan con una T3 libre más baja (8). También, el zinc mejora la función inmune lo cual es muy importante si tienes tiroiditis de Hashimoto y otras enfermedades autoinmunes. El zinc actúa como un agente antiinflamatorio para la glándula tiroides y juega un papel clave como antioxidante (8).

TIP: Consume más alimentos ricos en zinc como almejas, ostras, carnes rojas, nueces, avellanas y almendras, pavo y pollo, entre otros; o consulta a tu médico y nutriólogo de confianza para asesorarte en el uso de un suplemento con zinc.

4. Consume probióticos y prebióticos

La salud intestinal beneficia la homeostasis tiroidea (9). Se ha visto que un desequilibrio en la flora intestinal se relaciona con enfermedades tiroideas autoinmunes. En un ensayo clínico en el 2019, se estudió el efecto de la suplementación de prebióticos y probióticos (simbiótico) sobre la función tiroidea. Después del tratamiento, los resultados indicaron un efecto beneficioso en las hormonas tiroideas, y reducción en la dosis de levotiroxina y la escala de gravedad de la fatiga en los pacientes que tomaron este simbiótico (10).

TIP: Los probióticos se encuentran sobre todo en alimentos fermentados como el yogur con probióticos, kéfir, búlgaros, kimchi, kombucha, entre otros. Consume prebióticos para que esas bacterias buenas puedan alimentarse y vivir sanamente en tu intestino. Consume gran variedad de verduras, frutas y alimentos integrales. También puedes utilizar un suplemento simbiótico o uno probiótico complementando con una alimentación rica en fibra.

5. Evita el estrés

Es normal que la función tiroidea disminuya en un momento de estrés. Sin embargo, cuando vivimos en un estado de estrés crónico, hay una supresión inmune seguido de un estado de hiperactividad del sistema inmune. Esto puede precipitar la aparición de enfermedades tiroideas autoinmunes (11).

TIP: Incorpora técnicas de relajación y meditación a tu vida diaria. Estas ayudan a disminuir el ritmo cardíaco, reducir la presión sanguínea, y otros efectos ocasionados por el estrés. Puedes probar clases de yoga, taichi, meditación, o acudir con un terapeuta especializado para que te de indicaciones personalizadas sobre control de emociones.

Procura incorporar todos estos hábitos en tu rutina diaria de alimentación y estilo de vida, y no olvides hacerte chequeos médicos regulares para asegurar que tus hormonas tiroideas estén funcionando adecuadamente.

Recuerda que una buena alimentación con técnicas de control de emociones, por sí solas, no te curan de los posibles trastornos tiroideos pero sí pueden ser un buen complemento y ayuda para prevenirlos y tratarlos con asesoría de un profesional.

Fuentes:

  1. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30137821/
  2. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26926973/
  3. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30725724/
  4. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28255299/
  5. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30287753/
  6. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25161089/
  7. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12487770/
  8. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30982439/
  9. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31033998/
  10. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31987229/
  11. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33471719/