Sensibilidad Alimentaria, cómo prevenirlas y tratarlas

Sensibilidad Alimentaria, cómo prevenirlas y tratarlas

Las reacciones adversas a los alimentos son episodios frecuentes en la población general. Sin embargo, el conocimiento exacto de las sensibilidades a los alimentos y los mecanismos implicados en estos procesos es muy limitado.

La sensibilidad alimentaria afecta aproximadamente al 40% de la población. Es una respuesta que miden las células inmunológicas al contacto con el antígeno alimentario al que se ha sensibilizado el paciente previamente. Es entonces cuando se produce una liberación de proteínas inflamatorias, lo que provoca a su vez una inflamación crónica ****de bajo grado (conocida como inflamación celular) y que puede afectar a distintos órganos del cuerpo.

Se han establecido relaciones directas entre las sensibilidades alimenticias y los siguientes padecimientos:

  • A nivel digestivo: Sensación de hinchazón, digestiones pesadas, estreñimiento, diarreas, llagas en la boca, acidez, colon irritable.
  • A nivel dermatológico: Eccemas, urticarias, dermatitis, acné, rosácea
  • A nivel respiratorio Rinitis, tos, bronquitis, asma
  • A nivel de articulaciones: Rigidez, dolor, fibromialgia
  • Generales: Cansancio, depresión, hiperactividad, ansiedad, dolores de cabeza, retención de líquidos

En otras palabras, la sensibilidad alimentaria es una reacción que se presenta cuando el sistema inmunológico detecta ciertos alimentos como extraños, generando así una respuesta inflamatoria a nivel celular como mecanismo de defensa. Estas células de defensa se denominan anticuerpos o inmunoglobulinas. Existen diferentes tipos de inmunoglobulinas:

  • Inmunoglobulina A (IgA). Se encuentra en los recubrimientos de las vías respiratorias y del sistema digestivo, así como en la saliva, las lágrimas y la leche materna
  • Inmunoglobulina G (IgG): es el tipo de anticuerpo que más abunda en el cuerpo. Se encuentra en la sangre y en otros fluidos, y brinda protección contra las infecciones bacterianas y víricas. La IgG puede tardar un tiempo en formarse después de una infección o vacunación. Son los llamados "anticuerpos de memoria".
  • Inmunoglobulina M (IgM): se encuentra principalmente en la sangre y en el líquido linfático; este es el primer anticuerpo que fabrica el cuerpo para combatir una nueva infección hasta que existen suficientes IgGs.
  • Inmunoglobulina E (IgE): Se une al alérgeno y desencadena la liberación de histamina y está implicada en la alergia. La alergia a un alimento que causa reacciones fuertes y terminan en el hospital son mediadas por las IgE.

En este artículo vamos a hablar sobre la reacción de sensibilidad a los alimentos, la cual es mediada por los anticuerpos IgG, y se explica de la siguiente manera: El cuerpo detecta el alimento al cual hay sensibilidad y genera un aumento en los anticuerpos IgG y en las citocinas (células proinflamatorias) lo que da como resultado la inflamación a nivel celular de la que se habló en un principio. El mayor problema radica en que al no saber a qué alimentos somos sensibles, seguimos consumiéndolos (directamente o como ingredientes de alimentos preparados o precocinados), ocasionando que la inflamación, que anteriormente se encontraba a nivel celular, se vuelva un estado generalizado, constante y en descontrol, desencadenando una serie de síntomas; sin embargo para que esto suceda pueden pasar meses o incluso años (depende de la sensibilidad de cada persona) y provoca una constante presencia de anticuerpos específicos en el torrente circulatorio.

Hoy en día, la mayoría de las personas estamos acostumbradas a vivir con ciertos malestares generales pero sobretodo digestivos, que volvemos parte de la vida cotidiana. De hecho vivimos tapando dichos síntomas con medicamentos, antiácidos, antiinflamatorios y analgésicos sin preguntarnos (incluso a veces sin importarnos) cuál es su verdadero origen. Lo más curioso es que nunca se nos hubiera ocurrido pensar que lo que habitualmente comemos y pensamos qué es lo mejor para nosotros, puede llegar a ser el causante de nuestros eternos padecimientos. Estamos hablando de alimentos como las espinacas, el plátano o el salmón; alimentos considerados saludables pero que, específicamente a una persona pudieran no estarle causando ese efecto saludable, sino todo lo contrario.

Cuando el malestar nos sobrepasa, acudimos con médicos convencionales buscando respuestas muchas veces sin encontrarlas. Es en esos casos donde los IgG funcionan como un biomarcador utilizado para identificar alimentos relacionados con un aumento de la respuesta inflamatoria en el cuerpo. Las pruebas de sensibilidad alimentaria de IgG pueden resultar una herramienta beneficiosa para los profesionales de la salud, especialmente para los pacientes que experimentan síntomas persistentes, sin causa aparente.

La prueba de anticuerpos IgG se realiza utilizando un ensayo inmunoabsorbente ligado a enzimas (ELISA) de base comercial. Existen investigaciones que vinculan los beneficios de la detección de sensibilidades IgG y su eliminación de la dieta en pacientes que presentan afecciones concurrentes, como síndrome de intestino irritable. Una dieta de eliminación de éste tipo podría ser una estrategia de tratamiento eficaz para personas que intentan manejar su condición sin el uso de medicamentos. Los alimentos más comunes a los que la población presenta sensibilidad son: leche, soya, levadura, trigo, huevo, cacahuate, nueces, pescados y mariscos.

Cuando el tubo digestivo se relaciona mal con aquello que se ingiere se generan alteraciones en la microbiota intestinal. Esto ocasiona que no se digieran de manera adecuada los alimentos y por lo tanto no se absorban sus nutrientes.

Los cambios en la microbiota intestinal pueden alterar el sistema inmunitario y la manera en que este responde cuando se ve expuesto al alimento o componente. El consumo de estos alimentos a los que se es sensible causa cambios en la composición de la microbiota intestinal del individuo, que a su vez provoca un cambio en el sistema inmunitario hacia el reconocimiento de dicho alimento. Es un ciclo de nunca acabar.

La dieta juega un papel central en la salud del intestino al tener la capacidad de modular el ambiente intestinal, alterar la fermentación colónica y transformar la composición del microbioma intestinal. Los alimentos pueden afectar muchos aspectos de la fisiología intestinal, incluida la motilidad, la permeabilidad y la diversidad bacteriana, regulación inmunitaria y la función neuroendocrina. Todos estos factores son relevantes para la salud general. De ello se deduce que una dieta que tenga menos alimentos pro-inflamatorios o a los que se tiene sensibilidad, mejora la disbiosis de la microbiota y sería potencialmente efectiva para mejorar todos los síntomas relacionados con los padecimientos mencionados al principio. Si quieres más información te recomendamos leer nuestro artículo donde explicamos todo sobre la permeabilidad intestinal. https://somos.shop/blogs/blog/intestino-permeable-o-leaky-gut-lo-conoces?_pos=2&_sid=63bf86f11&_ss=r

Prevenir la inflamación y controlarla, debe de ser el objetivo común de cualquier profesional de la salud. Utilizando las pruebas de sensibilidad a los alimentos IgG se pueden crear recomendaciones dietéticas personalizadas para los pacientes y tratar sus síntomas desde raíz y sin el uso de medicamentos.

Fuentes

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31456119/

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25083057/

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31904770/

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20413700/

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27455092/

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29906449/