Hablemos de los trastornos de la conducta alimentaria

Hablemos de los trastornos de la conducta alimentaria

Por, Itziar Izcoa

Mucha gente piensa que cuando hablamos de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) nos referimos a personas que padecen anorexia o bulimia, a estos cuerpos extremadamente delgados que llegan a verse como personas enfermas. Pero la realidad es que ese concepto no es del todo correcto. Un trastorno de la conducta alimentaria implica tener una mala relación con la comida y puede darse en cualquier tipo de cuerpo, de distintas maneras, con múltiples síntomas y diferentes niveles de gravedad. Empecemos por definir qué es tener una mala relación con la comida.  Las personas que concentran cada momento de su vida alrededor de los alimentos que comieron o van a comer y que tienen miedo constante a subir de su peso. Esto ocasiona que todo el tiempo quieran controlar lo que comen, que vivan pensando en la cantidad de calorías que han comido, sólo se permitan comer cierto tipo de alimentos y pasen la mayoría del día con emociones negativas como: miedo, preocupación, culpa o ansiedad por lo que ingirieron y el efecto que puede tener en su peso o en su apariencia física. Así mismo ocurre que tengan conductas compensatorias para sobrellevar la culpa de la cantidad o tipo de alimentos que consumieron. Estas conductas incluyen ayunos prolongados o intermitentes, ejercicio, dietas restrictivas o incluso hacer detox con jugos o licuados. Normalmente existe una obsesión por investigar, leer y saber todo lo posible acerca de nutrición, alimentos que engordan, la cantidad de calorías que contiene cada alimento y las porciones de alimentos que deben consumir para bajar de peso.

 

Existen distintas categorías de TCAs. Los dos tipos más conocidos son anorexia y bulimia nerviosa, pero existe otra categoría que la constituyen los "trastornos de la conducta alimentaria no especificados” (TANE) que aplica para los trastornos que no cumplen los criterios de uno específico, sino que tienen características de ambos o pueden solo tener trastorno por atracón.

En el caso de anorexia nerviosa la persona tiene una percepción distorsionada de su propio cuerpo y le da terror subir de peso. Hay una insatisfacción permanente con el cuerpo y la delgadez alcanzada, a pesar de que haya llegado a niveles de emaciación. Desarrollan conductas para perpetuar e incrementar la pérdida de peso, como purgas, dietas, ejercicio excesivo o ayuno. 

La bulimia es un TCA cuya característica principal es que la persona sufre episodios de atracones compulsivos, pero por la preocupación de no subir de peso recurre a conductas compensatorias de control para evitar la ganancia de peso, siendo la más habitual la provocación del vómito; pero pueden aplicar otras conductas como: uso excesivo de laxantes o diuréticos, ayuno y ejercicio físico muy intenso.

La categoría de TANE se refiere a los trastornos de la conducta alimentaria que no cumplen los criterios para ninguno de los trastornos específicos. Generalmente presentan síntomas y conductas de anorexia o bulimia, pero no cumplen con la totalidad de los criterios. Dentro de esta categoría también se encuentra el trastorno por atracón (TA). Se caracteriza por la ingesta de grandes cantidades de alimentos, de forma rápida y acompañado de una sensación de pérdida de control. Después del episodio hay una sensación de malestar y culpa. La frecuencia de los atracones suele ser de al menos dos días por semana. Después de un atracón, no suelen vomitar, usar laxantes ni hacer ejercicio en exceso, pero es común que acudan a dietas restrictivas, sin embargo, restringir la alimentación los lleva a más atracones.

 

Las causas de los TCAs son muy variables y complicadas. Existen diferentes teorías que basan su origen en factores culturales y ambientales, otras en cuestiones genéticas y algunas que indican que pueden ser por alteraciones específicas en los neurotransmisores o neuromoduladores en el sistema nervioso central, particularmente en el hipotálamo.

Es importante mencionar que en nuestro ámbito sociocultural, la presión social de estar delgado que ejercen los medios y los núcleos sociales modernos son uno de los principales detonadores de TCAs. Las redes sociales se han encargado de crear un estereotipo irreal e inalcanzable, que solo causa una insatisfacción crónica, baja autoestima y te puede llevar a tener una mala relación con tu cuerpo y la comida. Se ha visto un incremento importante en el número de casos de TCA en los últimos años, principalmente en mujeres adolescentes, lo cual ha generado que estos padecimientos constituyan uno de los problemas psiquiátricos de mayor prevalencia en el mundo hoy en día.

 

Es crucial hablar de las consecuencias y los riesgos que tienen los TCAs para la salud. Cualquier TCA no tratado puede llegar a afectar la salud e incluso a dañar los órganos del cuerpo y presentar complicaciones serias como: desnutrición, ausencia de la menstruación, infertilidad, caída de cabello, alteraciones cardiovasculares, osteoporosis, detención del crecimiento, intolerancia al frío, alteraciones en las hormonas tiroideas, estreñimiento, dilatación aguda gástrica, ruptura del estómago o esófago, problemas de concentración,  irritabilidad, cambios del estado de ánimo, depresión y hasta ocasionar la muerte. Son enfermedades que se deben tratar con mucha seriedad y de la mano de un equipo especializado en el tema.

 

El tratamiento debe ser manejado por distintos profesionales de la salud como: psicólogo, psiquiatra, médico internista, endocrinólogo y nutriólogo, según se necesite. Consiste en utilizar estrategias de psicoterapia (cognitivo conductual, psicoanalítica, familiar) para poder cambiar las conductas alimentarias y los pensamientos irracionales. Se necesita explorar qué función tiene el síntoma para la persona y así lograr la construcción de estrategias emocionales adecuadas. Debe de haber un seguimiento de las funciones endócrinas, metabólicas, gastrointestinales, depresión, trastornos obsesivos compulsivos, alteraciones del sueño, etc. De la misma manera, se debe de integrar un programa psicoeducativo que permita una mejor comprensión del padecimiento tanto al paciente como a sus familiares. Al igual que un acompañamiento y monitoreo cercano, así como una parte educativa importante para poco a poco ir sanando la percepción que la persona tiene de su cuerpo y el impacto que genera en su relación con la comida.


Bibliografía: