Conexión Intestino-Cerebro

Conexión Intestino-Cerebro

¿Alguna vez has sentido "mariposas en el estómago" cuando estás nervioso? Gracias a la ciencia sabemos que existe una conexión muy real entre el intestino y la mente. Este "cerebro intestinal" o "segundo cerebro" explica cómo el estrés y la ansiedad pueden contribuir a enfermedades gastrointestinales y también cómo los alimentos que ingieres pueden afectar tu salud mental. El comprender la conexión entre la mente y el intestino, puede ayudar a mejorar tu estado de ánimo y mejorar tu digestión.

Las bacterias del intestino juegan un papel importante en la función del cuerpo humano. El microbioma intestinal es responsable de las funciones diarias, incluida la digestión y la absorción de nutrientes. El intestino y el cerebro funcionan de "manera bidireccional", lo que significa que la salud intestinal puede desatar cuadros de estrés, ansiedad, depresión y puede disminuir la cognición. Este eje intestino-cerebro se compone por: Cerebro, Sistema Nervioso Entérico (nervios que rodean el intestino), Nervio Vago, bacterias intestinales y hormonas como la serotonina.

El intestino está recubierto por una red de células neuronales, llamado sistema nervioso entérico (ENS). Estas células producen hormonas que estimulan la digestión y suprimen el hambre. Tienen "raíces" que se asemejan a las que utilizan las neuronas del cerebro para comunicarse entre sí. Este "segundo cerebro" controla los procesos de digestión, incluida la motilidad (el movimiento de los alimentos a través de los intestinos). El ENS se extiende desde el esófago a través de los intestinos hasta el ano.

El "segundo cerebro" está en contacto constante con el cerebro de nuestra cabeza y juega un papel importante en las enfermedades psiquiátricas y gastrointestinales. El nervio vago es uno de los nervios más grandes que envía señales desde el cerebro al intestino y viceversa. La comunicación anormal entre ambos puede interferir con la capacidad del cuerpo para mantener la homeostasis y provocar enfermedades, como depresión o ansiedad.

Uno de los grandes protagonistas en el intestino son los neurotransmisores, pequeñas hormonas que se utilizan para la comunicación de célula a célula y se encuentran tanto en el cerebro como en el intestino y son importantes en el eje intestino-cerebro. La microbiota participa en la generación de dichos neurotransmisores como GABA, el factor neurotrófico derivado del cerebro, la serotonina y de otras moléculas necesarias para el correcto funcionamiento del sistema nervioso central. Hablando específicamente sobre la serotonina, el 95% de ella se secreta en el intestino y juega un papel importante asociado con los sentimientos de felicidad. También participa en la digestión, el control de la motilidad y la secreción de líquidos en los intestinos. Cuando se produce un desbalance de bacterias en el intestino, conocido como disbiosis, pueden verse alteradas las concentraciones de estas moléculas, lo que podría justificar en parte la aparición de diferentes enfermedades, como pueden ser trastornos del comportamiento, ansiedad, autismo y esquizofrenia o incluso enfermedades como Parkinson o Alzheimer.

La comunicación bidireccional de este eje también explica la razón de porque el intestino puede reaccionar a señales de emociones tales como la ira, la ansiedad, la tristeza y la alegría. Existe una fuerte relación entre tener problemas de salud mental y tener síntomas gastrointestinales como ardor de estómago, indigestión, reflujo, hinchazón, dolor, estreñimiento y/o diarrea.

La salud de la microbiota es indispensable para ayudar a desarrollar y mantener la funcionalidad completa del sistema inmunológico. Sin embargo, hay una desventaja de esta asociación: en circunstancias particulares, nuestros bacterias pueden desencadenar respuestas autoinmunes. El sistema inmunológico tiene un papel importante en proteger la mucosa intestinal donde vive la microbiota y, a la inversa, las señales de la microbiota gobiernan esencialmente el desarrollo y la integridad funcional del sistema inmunológico. Las enfermedades autoinmunes no se desarrollan al azar; surgen en individuos con un perfil genético propicio y deben ser desencadenadas por estímulos ambientales especiales. En pocas palabras, esto significa que la susceptibilidad genética contribuye solamente en un tercio al desarrollo de la enfermedad, mientras que los factores no genéticos contribuyen con la mayoría de las señales desencadenantes. El estrés físico y mental, una mala alimentación, el abuso de antibióticos, falta de sueño, tabaquismo, alcoholismo, entre otros, son son algunos de los desencadenates y factores que influyen en el desbalance de la microbiota.

Comer una dieta equilibrada y nutritiva es lo más importante que una persona puede hacer para mantener su intestino sano. Alimenta a las buenas bacterias que viven en el intestino con lo que les agrada para ayudarlos a crecer, con alimentos se llaman prebióticos. También puedes comer alimentos que contienen bacterias conocidos como alimentos probióticos. Algunos ejemplos son el yogurt (la etiqueta debe decir cultivos vivos o activos), chucrut y kimchi no pasteurizados, sopa de miso, kéfir (bebida similar al yogur), kombucha (té negro fermentado), tempeh (hecho de semillas de soya) y vinagre de sidra de manzana con la madre. También se puede obtener suplementos probióticos para ayudar a cultivar buenas bacterias intestinales, pero es importante elegir los adecuados. En SOMOS contamos con una fórmula especializada llamada Let it Flow que contiene las cepas probióticas de bacterias mas estudiadas y con más beneficios comprobados, en sinergía con otros compuestos que aseguran que los beneficios se potencien. Si tienes problemas intestinales o tendencia depresiva, de ansiedad o tristeza te recomendamos programar una consulta con una de nuestras especialistas para poder encontrar la causa de raíz y atacar el problema.

Fuentes

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https://academic.oup.com/rheumatology/article/55/suppl_2/ii68/2892202?login=true

https://www.cambridge.org/core/journals/behavioral-and-brain-sciences/article/abs/microbiotagutbrain-research-a-critical-analysis/D132716B648ED110092E0C6ED5F77332#access-block